Cuál es el propósito de la vida según Brian Tracy

¿Cuál es el propósito de la vida? ¿Cuál es su propósito en esta vida? ¿Por qué está aquí? ¿Por qué existe? ¿Por qué se levanta cada mañana? ¿Por qué hace lo que hace? ¿Estamos aquí solo para nacer, crecer, trabajar, reproducirnos… y morir? ¿O hay algo más?
En mi opinión… sí. Hay algo mucho más profundo. Algo que trasciende lo rutinario y lo cotidiano
En esta sesión quiero hablarte de eso: de lo que yo creo que es el verdadero propósito de la vida. Y para mí, el verdadero propósito de la vida… es encontrar una misión.
Los hombres y mujeres más sabios de todos los tiempos han reflexionado sobre esta pregunta. Han llegado a una conclusión similar: vinimos a este mundo a usar nuestro potencial, a descubrir nuestra verdadera misión. El escritor Emmet Fox lo llama: "El deseo de tu corazón".
¿Sabes cuál es el deseo de tu corazón? Es algo que habita en ti, quizás desde antes de nacer. Es algo que te llama… que te canta… que te guía…
Y sin embargo, muy pocos lo siguen. Se dice que solo 2, 3, quizá 5 de cada 100 personas usan su verdadero potencial en esta vida. ¿Por qué? Porque la mayoría ignora ese llamado. Lo suprimen. Lo silencian. Se pierden entre cuentas, familias, trabajos y carreras… y muchas veces no se dan cuenta… hasta que ya es demasiado tarde.
Pero todos tenemos la capacidad de encontrar una misión. Y cuando uno se entrega a esa misión… su vida cambia.
Veamos a quienes más han impactado la historia: Jesús de Nazaret. Un carpintero humilde que predicó durante tres años… y cambió el mundo. Más que reyes, dictadores o imperios. No escribió nada. No grabó nada. Y sin embargo, hoy, su influencia perdura.
También está Buda. Su mensaje era similar: amor universal. Hermandad. Unidad. Y Mahoma. Con cientos de millones de seguidores. San Francisco de Asís. La madre Teresa. Albert Schweitzer. Florence Nightingale.
¿Qué une a estas personas?
Un autor escribió hace años un libro titulado: “Lo que todo el mundo busca”. ¿Y cuál fue su conclusión? Que lo que todo el mundo busca… es una misión a la cual podamos entregarnos. Una misión que enriquezca y beneficie las vidas de otros.
Solo nos hacemos grandes en la medida en que nos entregamos a algo más grande que nosotros. Por eso… las personas egoístas son, en el fondo, dignas de lástima. Porque no logran ni la felicidad… ni la realización.
Madre Teresa, Schweitzer… tal vez no hicieron fortunas. Pero su legado, su impacto, su ejemplo… ha tocado más vidas que millones de empresarios.
Desde el inicio de esta reflexión hasta ahora, todo nos conduce a una verdad: el propósito de la vida… es convertirnos en personas completamente llenas de amor.
Mire a los grandes modelos de la humanidad: Jesús. Buda. Mahoma. Todos ellos se enfocaron en servir. Y “servicio”… es la palabra clave.
¿Y cómo sabemos si estamos llenos de amor?
Por el valor, la calidad y la cantidad del servicio que damos. Sin esperar nada a cambio. Sin egoísmo. Porque el amor, al final, no se dice… se demuestra. Y la forma más elevada de demostrarlo… es a través de nuestras relaciones: con nuestras parejas, con nuestros hijos, con nuestros amigos, con quienes nos rodean.
Y cuando llega el final de la vida… ¿sabe qué recordamos? No recordamos el dinero. Ni los títulos. Ni los cargos. Recordamos a las personas que amamos. Y a quienes nos amaron. Por eso, desarrollar relaciones de amor es la más alta prioridad de la vida humana.
Entonces… ¿Cómo llegar a estar llenos de amor?
Primero: acéptese a sí mismo incondicionalmente. Reconozca su valor. Usted vino con un propósito. ¡Dios no hace chatarra!
Segundo: asuma total responsabilidad por su vida. Sin culpas. Sin excusas. Solo avance.
Tercero: aprenda a perdonar. El perdón es la llave del crecimiento espiritual.
Cuarto: llene su mente de pensamientos de amor. No la contamine con odio o resentimiento.
Quinto: fíjese metas nobles. Sueños que lo inspiren a ser la mejor versión de usted.
Sexto: cuide su cuerpo. Es el templo de su alma.
Séptimo: practique la regla de oro. Sea bondadoso. Sea tolerante. Sea compasivo.
Y sobre todo: practique el amor. Porque el amor solo crece… cuando se comparte. Mientras más amor dé… más amor tendrá.
Y aquí entra una ley maravillosa: mientras más da, más recibe. Nunca se da sin recibir. Así funciona el universo. Así funciona el corazón.
Al final, recuerde esto:
"usted vino a este mundo… a aprender a amar."
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